domingo, 10 de febrero de 2013

Peligro

"¿Quieres que te enseñe, hijo de toda tu pinche madre?", preguntó el coductor del lujoso vehículo, indignado al ver que su presencia no había sido suficientemente fuerte para ser notada por el otro conductor, a quien ahora violentaba.
Yonhy sintió tanto miedo, tan de pronto, tan intempestivamente, que no quiso aprender la lección del conductor de nombre desconocido. Se quedó sentado en su automóvil y esperó, sin ninguna otra reacción que las palabras: "No te vi. Te juro que no te vi". Ahora lo veía.
Después del incidente, sin embargo, algo aprendieron ambos.
Yonhy aprendió que hay miedos necesarios, que la vida, por momentos, es de momentos. El conductor desconocido partió tan rápido que aprendió que la prisa era su forma de vida; que la violencia, igual que el amor, aunque se transmite con la mirada, necesita de un punto de conexión.
Ambos supieron, al final, que la indiferencia es la madre del desatino.

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